Plaza de España 11, Calatayud (Zaragoza)

San Isidro y San Lamberto en la iglesia de San Juan el Real de Calatayud

San Isidro y San Lamberto en la iglesia de San Juan el Real de Calatayud
25/11/2013 Carlos de la Fuente

La parroquia de San Juan el Real es para todos los bilbilitanos un lugar de referencia y de orgullo. Su cuidada arquitectura y decoración barroca, hace que recomendemos su visita a todo aquel que se acerca a nuestra ciudad. El que más o el que menos conocemos la historia del templo, pero se hace necesario un recordatorio para poner en contexto la historia de hoy.

Como sabemos, los jesuitas se instalaron en nuestra ciudad allá por el año 1590. Años después,ya entrado el siglo XVII e incluso el XVIII, tanto el éxito de su docencia como los abundantes donativos, hicieron que construyeran alrededor de estas “aulas” un gran complejo educativo. Éste estaba formado por un colegio, un Seminario de Nobles y una iglesia que es la que hoy conocemos como San Juan, pero en aquel entonces estaba dedicada a Nuestra Señora del Pilar. El templo debió ocupar el solar de una de las más antiguasAltar mayor Iglesia San Juan el Real parroquias de Calatayud, la de San Salvador y se construyó en varias fases.

El año 1767 los jesuitas son expulsados de España y todos los edificios de éstos quedan abandonados. Cada uno de ellos correrá una suerte distinta (hospital, hospicio etc.). La iglesia, sin embargo, por una Real cédula de Carlos III 21 de agosto de 1769, sería ocupada por los feligreses de la parroquia de San Juan de Vallupié, que al parecer estaba en situación de ruina, situada en lo que hoy es plaza de San Juan el Viejo. De ahí el cambio de nombre del templo (antes se llamaba de la Virgen del Pilar como dijimos) y el añadido de “el Real”. En otra entrada nos ocuparemos de la arquitectura de este desaparecido templo bilbilitano (debió derruirse a fines del XVIII aunque también se habla de 1808). Hoy simplemente nos ocuparemos, de manera anecdótica, de dos imágenes que antes ocupaban el altar mayor de la actual iglesia de San Juan y que hoy se encuentran relegadas a la entrada de la sacristía, son las estatuas de San Lamberto y de San Isidro.

Si el altar mayor de la iglesia de San Juan el Real corresponde, en su mayor parte, a la diestra mano del escultor Félix Malo, al que se debe entre otras el baldaquino de la Colegiata del Sepulcro; bien es cierto que con la expulsión de los jesuitas gran parte de la iglesia quedó sin decorar por lo que serían los propios feligreses de la de San Juan de Vallupié, los que se dedicarían a costear su terminación. Si se fijan ustedes al entrar al templo, muchos altares laterales quedaron sin dorar, esto se debe a la precipitada huida de los frailes. Pero no sólo quedaron éstos inconclusos, también el altar mayor (montado en 1767) quedaría completo más adelante por la contribución del bilbilitano Gabriel Navarro. Vicente de la Fuente en su “Historia de Calatayud” ya habla que este escultor hizo gran parte de las imágenes de éste. Y ustedes se preguntaran ¿pero entonces, esas esculturas que adornan hoy por hoy el altar?, pues la central (San Juan Bautista) es obra de Damián Forment y adornaba el retablo de la de Vallupié que actualmente se encuentra en Sediles. Las otras dos esculturas de San José y de un Santo mercedario, pertenecen a la iglesia de la Merced que se situaba en la plaza del Fuerte y pasaron a sustituir a las de los santos que ocupan el título de nuestro post. Lo que es “anecdótico” es que los fieles del desaparecido templo de San Juan “el viejo” encargaran a Navarro la confección de dos santos agricultores, pero claro según creo yo, es que ellos (los nuevos feligreses), San Isidro y San Lamberto de la iglesia de San Juan el Real de Calatayuden su mayoría lo eran también y quisieron que sus protectores estuvieran en un lugar preferente. San Lamberto es el patrón de los labradores de Aragón y se le representa siempre con la cabeza entre las manos porque fue decapitado y cargó con ella hasta el lugar de su sepultura en Zaragoza. El otro es el que más tarde sustituiría a Lamberto en el patronazgo de los labriegos, el madrileño San Isidro, que en esta genial imagen lleva un arado con el que horadar la tierra. También se trajeron de allá la imagen de Santa Dorotea, cargada, como no, con una cesta de fruta, aunque el origen de su devoción sea diferente en este caso. Otra de las tradiciones que importaron de su anterior parroquia es precisamente el Rosario de la Aurora que en su mayoría estaba formado por agricultores. Éstos se levantaban al rayar el alba para rezar el rosario por las calles, ir a misa y dedicarse luego a las labores del campo.

Sería bonito volver a ver la imagen de San Lamberto y de San Isidro en su lugar original, el altar mayor de la iglesia de San Juan el Real. Esto nos recordaría como unas personas humildes, tomaron como parroquia este lujoso templo de los entonces poderosos jesuitas y lo adaptaron a su propia religiosidad, que no era otra que la fe, que surgía por entonces, de la dura vida del labrador.

 

BIBLIOGRAFÍA

– FUENTE, Vicente de la. Historia de la siempre augusta y fidelísima Ciudad de Calatayud. Calatayud, Imprenta del diario, 1881. Tomo II.

– ANSÓN NAVARRO, Antonio y BOLOQUI LARRAYA, Belén. “La renovación artística de la iglesia de los jesuitas de Calatayud, hoy San Juan el Real (1748-1767)”, en Actas del segundo encuentro de estudios bilbilitanos. Calatayud, Centro de estudios bilbilitanos, 1989, Vol. I, pp. 427-445.

– MANRIQUE ARA, María Elena. “Hacia una biografía de Félix Malo, maestro escultor de Barbasto afincado en Calatayud (ca. 1733-1779), datos familiares y profesionales inéditos”, en Boletín del museo e instituto Camón Aznar. Zaragoza, Museo Camón Aznar, 1996. Nº 64, pp. 99-126.

Comentarios (2)

  1. Mónica B 5 años

    A mí lo que más me ha impresionado es que la estatua de San Lamberto esté decapitada, y que el milagro cuente que el cuerpo fue cargando con ella hasta Zaragoza… ¿A alguien más le ha recordado a “Walking Death”?.

    Creo que se cambió a San Lamberto por San Isidro, en la imaginería popular, porque la segunda imagen es mucho más dulce, menos agresiva.

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      Hola Mónica, gracias por tu comentario. La verdad es que la iconografía cristiana a veces resulta un poco “agresiva”. Entiendo tu punto de vista. Lo que creo es que antes se veían normales cosas que ahora, con todo lo que estamos acostumbrados a la violencia en los medios de comunicación, no nos lo parecen. Sin ir más lejos los cuentos infantiles se han “dulcificado”, ya ninguno termina de manera macabra. Quizá a nuestros antepasados este tipo de representaciones le llamaban la atención pero sin más, lo veían desde el matiz de lo religioso y buscaban la buena cosecha tuviera o no tuviera cabeza el santo de turno. San Isidro quizá llevaba más fama de “milagrero”, no lo sé, pero también los santos eran una cuestión de “modas”. Algunos pueblos no tenían problema en sustituir al patrón si venía otro de fuera y les hacía más juego, eso es así. ¡Un abrazo y gracias otra vez!.

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