Un italiano en el Calatayud del siglo XVII

Primitivo convento de Capuchinos de Calatayud
Primitivo convento de Cacpuchinos de Calatayud

 

Cuando ustedes salgan algún día fuera de la puerta de Zaragoza, en sus antiguas eras, pueden mirar un momento hacia su izquierda y fijar la mirada en los imponentes montes que se sitúan bajo el peirón de San Vicente y quizá reparen en un pequeño ventanal con un arco gótico conopial, y el resto de otro, cubriendo las paredes de una antigua cueva excavada en el corazón mismo del monte. No sé si alguna vez habrán reparado en ello porque el caso es que confundido desde hace siglos con el color yesoso y perfectamente integrado en el paisaje es apenas perceptible, pues bien, lo que nuestros ojos contemplan no es otra cosa que el primitivo convento de capuchinos de Calatayud enclavado en la cueva que se llamaría «el pozo de la sangre».
Los capuchinos (llamados así por la peculiar capucha de su hábito) son una rama de los frailes franciscanos, fundados por San Francisco de Asís, que en sus orígenes ansiaban una reforma de la orden en búsqueda de una pobreza y de una autenticidad ya perdidas y que llevaban una vida basada en la predicación, la limosna y la soledad de sus conventos; pues bien, el italiano que visitó Calatayud en aquellos principios del siglo XVII no era otro que San Lorenzo de Brindis nacido en el reino de Nápoles en 1559, persona de gran inteligencia, predicador, orador de calidad y viajero incansable y desde 1959 doctor de la iglesia,que como general de la orden capuchina visitaba las distintas casas de varios países, entre ellos España.
En tiempos de Felipe III, en los que nuestro país veía como crecían día tras día nuevas fundaciones de monasterios y conventos, nuestro santo fundará otras como la del Pardo en los bosques cercanos a Madrid.

Uno se imagina la llegada de San Lorenzo a nuestra ciudad en la primavera de 1603 rodeado del gentío y precedido de su fama de santidad después de esos viajes interminables en incómodos carromatos o a lomos de un burro por caminos llenos de polvo entrando a nuestra ciudad quizá por esta misma puerta que ahora contemplamos que en aquellos tiempos se conocía como Puerta de Somajas o Somalias con una Colegiata del Sepulcro en obras de construcción hasta convertirla en la que todos contemplamos, un convento del Carmen Calzado también en reforma y un Calatayud totalmente distinto pero lleno de vida.

Grabado que representa a San Lorenzo de Brindis. Siglo XVIII
San Lorenzo de Brindis

Detalle del antiguo convento de capuchinos de Calatayud donde vivió San Lorenzo de Brindis

Nuestro San Lorenzo conocía varias lenguas, entre ellas el español por lo que seguro que a su llegada al solar bilbilitano se dedicó a lo suyo que era predicar la palabra de Dios con sus largas barbas y su pobre hábito marrón; se decía que cuando llegaba a un lugar hasta la gente dejaba sus quehaceres para escuchar hablar a este italiano ilustre hablar de las bondades de la fe y de la caridad, pero también visitó la casa de sus hermanos capuchinos que en aquellos tiempos habitaban la cueva de marras como ermitaños y en condiciones de pobreza extremas.

El de Brindis no quedó en absoluto contento con el lugar elegido por los frailes para fundar su casa por su peligrosidad y su falta de salubridad y obró un milagro que sólo ha quedado reflejado en las crónicas sobre su santa vida y en los archivos de su orden «Viendo la incomodidad de los religiosos pidió al cielo que se hundieran dichas peñas para que mejoraran y cambiaran de sitio,empezaron a desgajarse un peñasco cayendo mientras se encontraban en procesión y al volver al convento la piedra cayó en otro lado fuera del orden natural por lo que se atribuyó a milagro, alabaron al señor por aquel prodigio».
Lo siguiente será la fundación de un nuevo convento de capuchinos unos metros más abajo, ya en terreno llano, pero podemos dejar esto para una nueva crónica.

San Lorenzo de Brindis morirá en Lisboa en 1619 celebrándose su fiesta el 21 de julio, ¿qué les parece si lo nombramos patrón de la concejalía de urbanismo?….todos sabemos el porqué.

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