La cofradía de San Roque durante la Guerra de la Independencia

Me consta que son muchos los lectores de mi blog que son grandes admiradores de la figura de San Roque. Es mucho lo que este personaje representa para los habitantes de Calatayud. Por ésto, aunque lejanas las fiestas de agosto en su honor, me he decidido a añadir algunos apuntes históricos que aporten a los internautas curiosidades y anécdotas de su cofradía en el siglo XIX.

Varios autores e historiadores de nuestra ciudad se han preguntado el porqué un cerro tan inexpugnable como el de San Roque y con tanta visión sobre puntos estratégicos de nuestro término, no se encontraba fortificado o era una avanzadilla de nuestras san_roque_calatayudmurallas y castillos. Los bilbilitanos, como se sabe, prefirieron construir en su cima un humilde oratorio. El ermitaño que cuidaba de este lugar era también el encargado de avisar con su campana el avistamiento de tormentas. Suponemos que las aguas fuertes o los pedriscos eran tanto o más peligrosas que un ejército para personas cuyo sustento dependía directamente del cultivo de la tierra.

Esa visión de lugar estratégico, sin embargo, sí la tuvieron los franceses que ocuparon nuestra ciudad a principios del siglo XIX en la tristemente famosa guerra de la Independencia. Éstos, en los primeros momentos de la ocupación, prefirieron ocupar la ermita de San Roque que el Santuario de la Virgen de la Peña situado en una cota inferior. Nos figuramos el disgusto de los cofrades y devotos del santo pues la junta decide el 28 de agosto de 1811 solicitar a la esclavitud de la Virgen de la Peña (encargada en aquellos momentos del Santuario) el poder trasladar el altar del santo a dicha iglesia (entonces iglesia conventual), y poder celebrar allí su fiesta y su víspera. El «pebostre» o preboste de la cofradía alega que además de ocupada la ermita del santo se encuentra ocupado también el convento del Carmen Calzado, situado frente al Sepulcro, por lo que es imposible realizar la traslación a ese lugar (recordemos la relación existente entre ese cenobio y la devoción a San Roque). Pues bien, la junta de la esclavitud presidida por don Romualdo Blasco, decide dar permiso para que el altar se coloque en el Santuario de la Virgen de la Peña en la capilla de San Bernabé (esta capilla es la primera a mano derecha al entrar al templo), en una de las paredes que quedan libres. También se decide que los gastos que surjan de la fiesta religiosa y de la víspera, sean sufragados por dicha cofradía.

No duró mucho esta disposición, pues en 1812 los franceses habiéndose quedado sin su cuartel del Convento de la Merced (situado en la plaza del Fuerte, llamada así por este motivo) a resultas de una bomba de «El empecinado» que ya comentaremos en otra de nuestras entradas; deciden ocupar el Santuario de la Virgen de la Peña. El anteriormente nombrado secretario de la esclavitud: Romualdo Blasco, decide entonces llamar al «pebostre» de la cofradía de San Roque y entregarle el retablo del santo que, como buen santo peregrino, parecía que no había concluido su vagar de un lugar a otro de Calatayud.

Vosotros, lectores de la Sobresaliente, cuando lleguen esas fechas mágicas primeras de agosto, recordad al pasar por la iglesia de la Peña en vuestra novena, que allí, junto a la patrona de nuestra ciudad, en aquellos principios del siglo XIX que fueron tan duros para nuestra querida ciudad, estuvo también San Roque ….y que si hubiera seguido así la cosa quizá os hubiérais ahorrado alguna de esas cuestas tan formidables que hay que sortear hasta llegar a su ermita.

 

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