La parroquia de Santo Domingo de Silos de Calatayud

Hoy, amigos de “la Sobresaliente, vamos a volver la vista atrás para dedicar un espacio a un templo olvidado de todos: la iglesia dePosible aspecto de las bóvedas de la parroquia de Santo Domingo de Silos de Calatayud Santo Domingo de Silos de Calatayud. Seguro que a más de uno le parece curioso un lugar dedicado a este santo en nuestra ciudad, pues bien, existía. Este edificio se encontraba junto a la puerta de Terrer. El historiador Vicente de la Fuente, en su juventud, confundió sus góticas ruinas con las del también desaparecido templo de Santa Cristina que debía alzarse, también, a poca distancia del Puente Seco. Poco sabemos de esta iglesia bilbilitana, sólo que la construyeron los riojanos venidos en la reconquista a repoblar estas tierras de frontera entre Castilla y Aragón. A principios del siglo XVIII el obispo Blas Serrate, suprime su parroquialidad. Es decir, obliga a sus fieles a incorporarse a la iglesia de San Martín (situada al principio de la Rúa). Esto provoca que, Santo Domingo de Silos, desaparezca poco a poco (el no tener feligreses hace que el monumento acelere su deterioro). A mediados del siglo XIX ya era un montón de ruinas. En la iglesia, como curiosidad, aparte de artísticos altares de pintura gótica, ya desaparecidos, se encontraba una reliquia de la espina de Cristo que todavía se procesiona en nuestra original y fantástica Semana Santa. Según el libro “Glorias de Calatayud”, en los días de jueves y viernes santo esta santa reliquia se teñía del rojo de la sangre de Cristo de un modo especial. Sería curioso el contemplar la veracidad de este hecho milagroso. Imaginémonos en ese momento embriagados por el aire del incienso y el sonido de los tambores. Nuestra ciudad en Semana Santa se convierte en un lugar extraordinario que invita a volver. Esta reliquia de la Santa Espina pasó a la parroquia de San Martín, también desgraciadamente desaparecida, y después al convento de Carmelitas descalzas que la conservaron hasta su marcha allá por los años noventa del siglo XX.

¿Qué os parece si ambientamos el relato de hoy, entre los arcos góticos ya decadentes de esta iglesia desaparecida de Calatayud?. Os presento los desvelos de un enamorado recordando la pérdida de su prometida, espero que os guste:

¡Desapareciste hace tanto tiempo!, ¡Oh mi bella Marieta!. Yo mismo te perdí entre el tumulto en aquella noche de desgracia en este mismo lugar. ¡Hubo tantos asesinatos, después de nuestra entrevista en estas ruinas de Santo Domingo de Silos aquella funesta jornada!, ¡malditas guerras carlistas!. ¡Y pensar que acababa de pedirte que fueras mi esposa!. Mi desatino ha determinado ofenderPosible aspecto de las bóvedas de la parroquia de Santo Domingo de Silos de Calatayud al Creador arrebatándome la vida. Sin ti, mi adoración, reniego hasta de mi misma fe. Estas ruinosas bóvedas, antes testigos de fervientes oraciones, hoy lo serán de este sacrílego sacrificio”.

De repente, ante los ojos desencajados del suicida, una de las tablas de un tosco retablo barroco, desnudo ya de imágenes, cae con gran estrépito en el suelo. Una huesuda mano se desliza, desde un oscuro hueco practicado en la pared, con un pañuelo de encaje y un anillo entre unos dedos teñidos de podredumbre. La pobre joven, escondida del fragor de los soldados desde aquel día, en ese nicho, no pudo escapar del lugar que había sido su refugio. Emparedada por los escombros, provocados por los incendios de los agitadores, su último suspiro fue la náusea provocada por el hambre. Una ráfaga de viento parece decir en un ronco y terrible tono: ¡Ven a mi, mi amor!, ¡sí quiero!.

 

(Las fotografías corresponden al Monasterio cisterciense de Bonaval en Guadalajara)

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