«Guías a Calatayuuuuud»

Las guías, esos libros voluminosos que sustituyen en apariencia la labor del que aquí escribe, son libros que se utilizan, por parte del visitante, desde el inicio de la literatura de viajes. Así, grosso modo, nos vienen a la memoria los escritos de la monja Egeria, o las experiencias profundas de nuestros antepasados los románticos. Ayer, tal como hoy, tal o cual recomendación podían tener algo de cierto pero también algo de subjetividad, de falsos recuerdos, de idealizaciones, o de interpretaciones de lo más variopinto. Si esta circunstancia ocurre con la prensa diaria ¡cómo no va a ocurrir también con estos libros de viajes!

Siendo pequeño, cayó en mis manos una guía de viajes de España escrita en francés por la prestigiosa editorial Hachette. Como es lógico y normal, uno de los primeros destinos que uno busca, y más a edad temprana, es el lugar donde uno habita: Calatayud. Calatayud ciudad siempre importante, aparece pues en las páginas de esta en el recorrido entre Madrid y «Saragosse» como lugar a visitar de cierta relevancia; sin embargo, las explicaciones ya desde un principio, aportan datos que son de lo más simpático y que dan lugar a crear una historia paralela. Para empezar, en el bosquejo histórico que da inicio a la descripción, se dice que Bílbilis, patria del preclaro Marcial, fue destruido por los moros, cosa que bien sabemos se pudo llegar a defender por algún fantasioso de aquellos que escribían los falsos cronicones pero incierta. También que tras la unión de Castilla y Aragón, fue Calatayud lugar de celebración de cortes, y bien sabemos que estas se daban mucho antes de aquel momento. Pero es en el capítulo dedicado a los monumentos a visitar donde la cosa adquiere un cierto matiz «nostálgico». En primer lugar la Colegiata de Santa María quemada, según dice el libro, en 1933. Vamos a ver, intentarse se intentó, pero no, al final salvamos la Colegiata gracias a lo resistente de sus puertas. Otro de los puntos a visitar San Pedro Mártir…nos encantaría pero nos la «ventilamos» casi un siglo antes de la edición de esta guía (data de 1960). Aquí creo que el autor confundió la de San Pedro de los Francos con esa bella joya de nuestro patrimonio destruida sin el más leve sonrojo por nuestros antiguos compatriotas. En todo caso no sabemos muy bien dónde vio el autor el coro con azulejos que cita, pero bueno, lo dicho, nos encantaría que existiese. Para terminar no sabemos qué impresión se llevaría el francés de turno cuando preguntara por el último de los monumentos a visitar: la iglesia de San Martín. Imaginemos al bilbilitano de principios de los sesenta, extrañado por tal pregunta, porque aquello de San Martín le sonaría al tiempo de sus abuelos por lo menos ya que desapareció a finales del siglo XIX. El galo, quizá insistente, le señalaría preocupado las páginas de su libro señalando aquella línea en la que pone aquello de que cuenta con un bello ¿patio?

Ayes y suspiros surgen de mis labios al leer esta antigua guía; no obstante bien sabemos que, a pesar de las imprecisiones, en el fondo, nos hubiera encantado que el viajero encontrara esos monumentos, bellos ejemplos del mudéjar, todavía adornando las calles de nuestra ciudad.

*Fotografía tomada de la web de la asociación Torre Albarrana: torrealbarrana.com

Bibliografía

ESPAGNE. Les guides bleus. Paris: Hachette, 1960. 981 pp.

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